desmanteladas 3 células de tráfico de drogas

«En Milán, aunque tengas el blanco, todo el mundo lo tiene. No es fácil de vender. Porque los demás lo tienen (…) Se hace dinero, pero Milán está lleno de cosas». Así hablaba, interceptado, Dario Ferro, uno de los detenidos en la redada de la Guardia di Finanza y la Dda de Milán en un maxi tráfico de drogas entre la capital lombarda y España, sobre el hecho de «que el comercio de cocaína en Milán ya no era económicamente viable como en el pasado, ya que, últimamente, había un exceso de oferta sobre la demanda». El Núcleo de Policía Económica y Financiera, en las investigaciones de la Dda y realizadas también por la Policía local, ejecutó una orden contra 17 personas, entre italianos y albaneses (7 en prisión, uno en casa y nueve entre obligaciones de residencia y firma) por un volumen de negocio de más de 20 millones de euros.
En particular, en la investigación, según lo comunicado por el fiscal Francesco Greco en una nota, fueron desmantelados tres grupos, uno de los cuales quería procurar «nuevos clientes en conocidos locales exclusivos ubicados en el distrito de movida» de Milán, «a través de la oferta en el mercado no sólo de la cocaína, sino también de otras drogas difíciles de encontrar, como la marihuana y el hachís tipo amnesia kritical. De la investigación, coordinada por las fiscales Grazia Colacicco, Silvia Bonardi y Alessandra Dolci, se desprende, entre otras cosas, una «verdadera operación de ‘reestructuración’ del negocio de venta de cocaína por parte del grupo, debido a la baja rentabilidad de la plaza de Milán», donde los precios de venta «disminuyeron debido a un exceso de oferta». La orden fue firmada por la gip Raffaella Mascarino. La marihuana se cultivó en España, gracias también a un «experto agrónomo», lo que permitió reducir los «costes de producción». El pasado mes de julio se incautó una plantación de maxis en España. Los grupos también tenían a su disposición armas y teléfonos móviles «encriptados» con un software específico. La investigación, informa la nota de la Fiscalía de Milán, es el último avance de una investigación más compleja, rebautizada como Royale, que desde enero de 2019 ya ha llevado a la detención de otras 10 personas y a la maxi incautación de «casi 6 toneladas de cannabis». La primera «célula» desmantelada actuaba principalmente en el interior de Milán, entre Abbiategrasso y Rozzano, para la distribución de cocaína y marihuana y las reuniones para gestionar el tráfico tenían lugar principalmente cerca de «un cementerio». Un segundo grupo, compuesto por albaneses, estaba en contacto con un traficante que ya estaba en prisión (se comunicaba con un teléfono oculto). El tercer grupo tenía, en cambio, conexiones también en Alemania y blanqueaba dinero también con un mecanismo de sobrefacturación de los ingresos de una «barbería en Rozzano». Por último, un «chalet en la provincia de Lérida», en España, se utilizaba como «centro operativo y para el secado y envasado» de los medicamentos.

Según Ferro y otro detenido, tal y como resumió el juez de Milán que firmó las medidas cautelares, «demasiada gente se dedicaba simultáneamente a la venta» de blanco, o cocaína, en Milán: «Cuando vendía el blanco -se lee en la interceptación del pasado mes de junio- era normal venderlo… porque a nosotros en cuanto nos llegaba lo vendíamos directamente porque no había mucho por ahí, no se traficaba con todo, pero ahora hasta las mujeres lo hacen». Siempre Ferro «cree -escribe el juez- que ganar 500.000 euros con la hierba es factible, a lo mejor no ganas millones pero 500.000 sí, además, en España se hace inmediatamente porque se vende. Y el mismo detenido y Lulzim Curumi, también ahora en prisión, «afirmaron que se habían visto obligados a custodiar y esconder, durante meses, en una casa, a su disposición, grandes cantidades de cocaína, sólo por las dificultades para ‘colocarla'». Explicaron que tenían un beneficio por la venta de cocaína «de unos 2.000 euros por kilo (diferencia entre el coste de compra y el de cesión), consiguiendo así obtener un beneficio de unos 16.000 euros semanales». Una «constatación», leemos más, que ha «empujado» a los dos «a diversificar su actividad, previendo entrar en el mercado de la marihuana». Y realizar «cultivos reales en el territorio español». Curumi lo pensó: «El Milan está acabado, tío».

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